La opción medioambiental más sostenible

El impacto medioambiental del agua embotellada tiene dos vertientes, por una lado está la cantidad de residuos plásticos que genera, y por el otro el coste energético, hídrico y de materias primas que tiene la fabricación de los envases, empaquetado y su transporte. (En el centro del océano Pacífico Norte hay una zona de acumulación de desechos plásticos con una extensión similar a la de Francia.)

Según un estudio reciente llevado a cabo por el diario ‘The Guardian’, cada segundo se producen en el mundo 20.000 botellas de plástico. Sólo el 20% de estas botellas se recicla, mientras que el resto simplemente acaban en vertederos o finalmente en mares y océanos. Se calcula que entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico acaban anualmente en el mar, dando lugar a fenómenos como la llamada “Isla de basura”, una zona de desechos marinos situada en el centro del océano Pacífico Norte con una extensión similar a la de Francia.

Estos residuos tienen un impacto muy negativo en la vida marina. Debido a que los plásticos son materiales de gran durabilidad (1 botella de plástico PET necesita 700 años para comenzar a descomponerse) en el medio marino por acción de la luz solar, el viento y el oleaje, llegan a fragmentarse hasta llegar a pequeñas piezas inferiores a 5 mm (microplásticos) o incluso microscópicas (nanoplásticos) llegando a la cadena alimentaria, lo que las Naciones Unidas ha denominado como una “bomba tóxica”. Un trabajo llevado a cabo por un grupo de expertos de la Universidad de Gante alerta de que las personas que comen pescado y marisco de manera frecuente pueden llegar a ingerir anualmente hasta 11.000 pequeñas piezas de plástico. Algunos de los compuestos presentes en las botellas de plástico PET como el antimonio, el bisfenol A o los ftalatos (todos ellos perjudiciales para la salud) pueden migrar al alimento y ocasionar depresión, obesidad, diabetes o cáncer.

Respecto al coste energético y de materias primas para la producción de envases y empaquetados, los datos hablan por sí solos. Según datos aportados por Greenpeace, se necesitan casi 91 millones de litros de petróleo para producir 1.000 millones de botellas plásticas; más del 4% de la producción de petróleo en el mundo se usa para la producción de plástico; además, para el proceso de empaquetado de las botellas de agua se consumen 3 litros de agua. A estos costes además hay que sumar los relativos al transporte por carretera o incluso por avión desde los puntos de envasado hasta los distintos supermercados y lugares de venta.

 

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